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1 de octubre de 2022
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Historia

John Rockefeller: ¿Cómo consiguió su fortuna?

Un padre ausente y fuertes problemas económicos fueron los que hicieron que el joven Rockefeller comenzase a trabajar a una muy temprana edad. Con tan solo 18 años de edad fundó una empresa de alimentos y con tan solo 24 años se adentró de lleno en la industria petrolera de 1860. Unos 50 años más tarde se habría convertido en la persona más rica y poderosa del mundo, fundando el imperio más grande que la humanidad ha visto jamás…

Un poco de su historia

Su nombre completo es John Davison Rockefeller, nació en una familia de clase media descendiente de alemanes el 8 de julio de 1839 en New York.

Su madre, como era de esperar para la época, se encargaba del hogar mientras que su marido de aportar para los gastos económicos del hogar. Aunque su padre, que vendía «elixires mágicos» que sanaban enfermedades milagrosamente, se dedicaba a hacerlo de ciudad en ciudad, por lo que a duras penas estaba en casa. Este es el principal motivo por el que debió trabajar desde muy joven para poder ayudar a su madre y a sus hermanos.

Todas estas etapas de su vida le contribuyeron a forjar al empresario en el que se convertiría en un futuro.

Un joven emprendedor

Cuando John Rockefeller tenía solo 14 años, se mudó con su familia a Clevelend, Ohio. Una vez ahí pudo ingresar a una escuela en la que aprendió acerca de contabilidad, pero se vio obligado a abandonar estos 2 años después puesto que la situación económica familiar le obligaba a nuevamente tener que buscar un empleo.

Gracias a estos dos años de estudios consiguió obtener un empleo como asistente de contador en la famosa empresa de Hewitt & Tuttle. Gracias a este adquirió habilidades que le serían muy útiles en el futuro.

El dinero que generaba a duras penas era suficiente, así que se veía obligado a tener empleos alternos. Tras dos arduos años de trabajo, decidió exigir un aumento salarial puesto que él sabía que lo merecía, aunque no resultó como él pensaba y acabó por dejar la empresa.

Tras esto decidió no volver a trabajar nunca más para otra persona. Decidió arriesgarse a pedir un préstamo y trabajar de la mano de Maurice Clark, un gran amigo que conoció en la escuela donde estudió, en Cleveland. Ambos decidieron adentrarse en el mundo alimenticio.

En muy poco tiempo el negocio que tenían juntos cosechó sus frutos y en tan solo el primer año vieron muy grandes, unos 4.500 dólares de la época, pero estos quedaron en nada puesto que gracias a un gran esfuerzo el año siguiente estos ingresos casi se quintiplicaron.

A pesar de que a ambos les iba muy bien, Rockefeller era una persona muy ambiciosa y sabía que tenía que encontrar la manera de seguir creciendo y expandiéndose.

Rockefeller y el «oro negro»

El año 1863 fue clave para él: conocía la industria del petróleo. Años antes Edwin Drake marcaría su lugar en la historia logrando ser la primera persona en extraer grandes cantidades de petróleo de un pozo. Para ese momento sus usos eran muy limitados, pero Drake marcó el inició de una nueva era. Posteriormente, inició lo que se conoce como «la fiebre del petróleo».

Se comenzaron a abrir pozos por todas partes en búsqueda de esta característica sustancia. Pero a pesar de que se consiguiese su extracción, se trataba de un entorno muy ineficaz aún… Aún no se estaban explotando al máximo sus posibilidades, y justo aquí es donde entra Rockefeller a la ecuación.

De forma muy ágil y rápida entendió que el «dinero» no estaba en intentar extraer el petróleo, sino en su refinamiento, es decir, en convertirlo en algo que las personas pudiesen adquirir, algo que utilicen en su día a día y fue cuando dio con la clave: el kerosene.

Guiado por esta corazonada decidió abrir un emprendimiento clave en su vida, su primera refinería de petróleo, todo esto asociado con su gran amigo Maurice Clark, el químico Samuel Andrews y dos hermanos de Clark. Así se formó la famosa «Andrews, Clark & Company», el inicio de un sueño.

Para esta época prácticamente todas las refinerías hacían su labor de forma ineficaz perdiendo mucho dinero que pudiesen aprovechar. Rockefeller implantó sus conocimientos para optimizarlo todo y abaratar costes, dando lugar a las primeras grandes ganancias del negocio.

1864 sería el año en el que el joven Rockefeller uniría su vida a la de Laura Spelman, mujer que ejercía la profesión de profesora en la ciudad de New York y con la que tuvo 5 hijos: Elizabeth, Alice, Alta, Edith y un único hijo varón, John Davison Rockefeller Jr.

Un año después diferencias dentro de la empresa Andrews Clark & Company los conduciría a tener que subastar la misma. Esta puja, como era de esperar, fue ganada por Rockefeller con una suculenta oferta de 72.500 dólares. A partir de ahí su nombre pasaría a ser: «Rockefeller & Andrews Company».

Expansión masiva gracias a sus alianzas

En 1867, el empresario Cornelius Vanderbilt, una de las personas más ricas del continente gracias al negocio de los ferrocarriles, necesitaba llegar a un trato con una refinería de Cleveland. Éste se daría de tal forma que Vandelbilt ofrecería un precio especial en costos de envío del petróleo a través de la línea central de New York a cambio de que se proporcionase carga regular para maximizar su ganancia neta por viaje. Todo esto se debía principalmente a que la «burbuja de los ferrocarriles» dio lugar a que se construyeran vías en exceso y algunos trenes, a duras penas, eran rentables. Por esto, transportar carga podía ser una buena escapatoria.

Vanderbilt necesitaba encontrar a alguien que pudiese cumplir con sus expectativas y que fuese fácil de manipular, así que se dispuso a la búsqueda. En ésta su camino se vio ligado al de Rockefeller, cuya refinería poseía mucho potencial, aunque aún presentaba diversos problemas. Tras analizar esto le propuso una reunión en su oficina de New York.

Los planes de dios con Rockefeller

El joven Rockefeller no se lo pensó dos veces, sabía que esta era la oportunidad de su vida para ser la persona que quería ser. Una anécdota curiosa es que compró un boleto de tren y de no haber sido porque perdió el tren por unos pocos minutos, hubiese muerto en el viaje. El tren al que debía subir se había descarrilado ocasionando la muerte de todos sus pasajeros.

El joven lo vio como una señal de la vida. Desde ese entonces no tenía ningún tipo de duda de que él estaba en este mundo para hacer grandes cosas y que fue Dios quien no le permitió subir a ese tren. 

Una catástrofe es también una nueva oportunidad

John Davison Rockefeller

Tras este incidente Rockefeller no se dio por vencido y programó una nueva visita con el magnate. Tras esta ambos cerrarían un gran trato comercial. Este acuerdo con una persona tan influyente hizo que su para entonces desconocida refinería se posicionase como la número 1 del estado. A pesar de esto, el ambicioso Rockefeller sabía que sus grandes labores no eran solo ser la refinería número uno del estado de Cleveland. El quería mucho más poder y reconocimiento que ese.

El Kerosene seguro de Rockefeller

Para ese entonces el Kerosene era un producto indispensable pero muy volátil y causaba estragos en la sociedad con mucha facilidad. Ahí es cuando comercializó una marca de kerosene especial que aportase confianza y seguridad a quienes la adquirían: Así vio la luz la Standard Oil Company (1870). 

Rockefeller quería que su producto fuese el número uno del país, que todos la usasen prefiriéndola a las competencias que pudiese haber en el mercado. Esta visión se cumplió y en unos pocos años el Kerosene de Standard Oil Company era el más vendido, haciendo de Rockefeller uno de los empresarios más ricos. Aunque esto para él aún era poco, el no quería ser uno de los más ricos, el quería controlarlo todo.

Aplicando lo que hemos dicho antes, sabía que para conseguir esto su competencia debía desaparecer. La idea era que Standard Oil Company llegara a cada rincón del país ocupándose no solo del refinamiento del petróleo, sino de todos los pasos posteriores hasta su venta.

De forma gradual para no llamar la atención la empresa comenzó a adquirir pequeñas refinerías, pero otra gran oportunidad tocaría su puerta en 1872. La sobreproducción del petróleo dio lugar a que el precio de este bajase radicalmente ocasionando pérdidas entre los refinadores y las personas que comercializaban con el petróleo.

Rockefeller no se alarmó demasiado y decidió ver más allá de esto para seguir expandiéndose por el mundo.

El magnate consiguió realizar un trato con Thomas Scott, el entonces dueño del ferrocarril Pensilvania, ofreciéndole el mismo trato que había hecho con Vanderbilt: carga a cambio de precios de transporte bajos.

Esta ventaja en costos le daría mucha ventaja con respecto a sus competidores.

Monopolio total

Según la periodista Ida Tarbell,  Rockefeller usó estos acuerdos con las ferroviarias para ejercer tal presión sobre sus rivales que les hiciera dejar el negocio, haciendo alarde de que sus costos por transporte serían más altos y no les sería rentable. Además, añadía:

Controlaremos totalmente el negocio petrolero. No hay posibilidad para nadie que nos quiera hacer frente, pero les proponemos lo siguiente: Usted debe entregar su refinería a mis tasadores y le pagaré por ella en efectivo o con acciones de la Standard Oil Company. Puede tomar la decisión que desee de estas alternativas, pero le recomiendo tome las acciones, es por su bien y el de todos

La mayoría aceptaban y los que no, al poco tiempo se veían en la quiebra por la presión que ejercía el entonces magnate, Rockefeller. Incluso se rumorea que entre sus métodos favoritos de presión se encontraban las guerras de precios, extorsiones y sobornos.

Esto dio tanto de que hablar que incluso se le conoce como «la masacre» de Cleveland y, posteriormente, daría lugar a un número de protestas en contra de la compañía.

Revolucionando la industria petrolera

Rockefeller comenzaba a hacerse con demasiado poder y los dueños de las principales ferroviarias que le prestaban sus servicios (Vanderbilt y Scott) comenzaron a ver por sus intereses y decidieron unir fuerzas para enfrentarlo. Juntos decidieron subirle los precios del transporte de sus barriles de petróleo.

Como fue de esperar, Rockefeller lo tomó como una guerra en toda regla. Muy enojado se prometió no tener que depender de nadie más para hacer llegar su mercancía a su destino. Analizó todo el proceso de producción durante día y noche y dio con una brillante idea. Comenzaría a distribuir su petróleo por medio de tuberías que conectaran los pozos directamente con las refinerías.

Comenzó a realizar un sistema de oleoductos de más de 6.500 km que pasaría a través de los estados Ohio y Pensivalnia. Una vez terminado eliminó por completo el mercado de las ferroviarias y revolucionó el sector en su totalidad.

Ya Rockefeller no necesitaba transportar su petróleo en ferrocarriles y este era el principal negocio de los últimos, por lo que se desencadenó una ola de despidos masivos y cierre de cientos de estaciones. Estados Unidos enfrentaba una de sus mayores recesiones y mientras muchos luchaban por llevar comida a casa, Rockefeller no hacía más que seguir expandiéndose comprando refinerías a precios ínfimos debido a que quebraban como efecto colateral de la crisis.

Standard Oil Trust

Ya en el año 1882, Standard Oil Company tenía en sus manos el 81% del negocio del petróleo en Estados Unidos y comenzaba su expansión fuera de estas fronteras. Su poder y riqueza eran tantos que el propio magnate se preocupaba de ser acusado de monopolio, puesto que en esas fechas el gobierno estadounidense empezaba a intervenir en la reglamentación de la libre competencia entre empresas. Ante esta perspectiva decidió fundar la «Standard Oil Trust», una especie de holding empresarial con el que concentraría diversas inversiones en el mundo del petróleo y los combustibles.

Ya a Rockefeller no le interesaba solo mantener el negocio del petróleo a nivel local, quería controlar todo el petróleo del mundo. Rockefeller consideraba como un fracaso que su competencia lograse vender un solo barril. 

En 1885, las compañías de Standard Oil Trust ya tenían presencia en decenas de países, sumaban más de 100 mil trabajadores y eran propietarias de más de 20 mil pozos de petroleros.

Rockefeller se consolidaba como la persona más rica y poderosa del planeta construyendo un imperio que la humanidad jamás había visto hasta entonces. Todo esto lo colocaba en voz de todos aludiendo que había sido capaz de conseguir esto jugando sucio, destruyendo a su competencia y explotando a la gente.

El gobierno estadounidense vs Rockefeller

El 2 de julio de 1890, comenzaría una posible mala época para el magnate. El gobierno federal de Estados Unidos aprobó la «Ley Sherman Antitrust». Esta ley tenía como objetivo la prohibición de monopolios y castigaba la competencia desleal entre competidores.

Dicha ley afectaba con creces a Rockefeller, decidió cerrar la Standard Oil Trust en 1892 y contrató a los abogados más caros para que no pudiesen quitarle ni un centavo de su imperio.

El fin del kerosene

Mientras el magnate se centraba al 100% en defenderse de los ataques del estado, no se dio cuenta que un potencial rival para él estaba surgiendo: la electricidad. La invención de la bombilla por mano de Thomas Edison en 1879 y el posterior establecimiento de la primera central en 1882 habían abierto paso a una nueva era, pero para ese entonces el acceso a este tipo de energía era muy caro dado que funcionaba con ineficientes sistemas de corriente directa.

Todo cambió cuando Nikola Tesla entró en juego, puesto que consiguió desarrollar generadores de corriente alterna que conseguían transmitir la corriente a distancias más largas y a un precio mucho más económico. 

Pronto se globalizaría este invento haciendo que el Kerosene dejase de utilizarse prácticamente (el producto estrella de Rockefeller).

Cuando por fin se dio cuenta de que no podía frenar el impacto de la electricidad en la sociedad decidió buscar nuevas variantes del petróleo. Se dio cuenta de que todos estos años había estado desechando la  gasolina, una sustancia tóxica, inflamable y sin ningún uso práctico.

La gasolina, su nueva riqueza

Y en 1886, el ingeniero alemán Nikolaus Otto patentó el diseño de un motor de combustión interna a cuatro tiempos. Este invento sería la base del desarrollo de motores de diversos ámbitos que se utilizan aún en la actualidad.

Para el funcionamiento de estos motores era necesario el uso de un combustible altamente volátil, justo como la gasolina…

A medida que se iban haciendo cada vez más comunes los motores de combustión, se creó un gran mercado para la gasolina. Rockefeller se encontraba nuevamente en el lugar adecuado, puesto que el poseía las reservas de gasolina más grandes del mundo. Además, el empresario también diversificó invirtiendo en sectores como en el de la producción de gas natural, consiguiendo que el olvido del kerosene no representase pérdidas, sino más bien incrementando sus ganancias de forma exponencial después de ello. 

Para el año 1904, Standard Oil  Company controlaba el 91% de la producción de petróleo de todo Estados Unidos. Por otro lado, Rockefeller decidió jugar limpio y no cometer más prácticas desleales contra sus competidores. Todo esto porque notaba que el gobierno seguía muy de cerca sus prácticas.

Fueron cientos de investigadores y periodistas quienes expusieron públicamente las tácticas que el magnate empleó para hacerse con todo su poder. Sin embargo, al gobierno le resultó muy difícil hacer frente al poderoso Rockefeller. Finalmente, el 15 de mayo de 1911, la Corte Suprema de los Estados Unidos determinó que la Standard Oil había violado la Ley Sherman Antitrust para tener todo el monopolio del petróleo y como consecuencia, ordenó que su empresa fuese dividida. 

La división del imperio

Tras este proceso de división surgieron 34 empresas, entre las que se encontraban la Jersey Standard (antigua Standard Oil Company of New Jersey), que en los años siguientes se convirtió en la empresa Exxon. La Socony (antigua Standard Oil Company of New York), que posteriormente se transformó en la empresa Mobil y la Socal (antigua Standard Oil Company of California), que pasaría a tener el nombre de Chevron.

Rockefeller logró seguir teniendo en posesión un grandísimo número de acciones de todas estas y su familia mantuvo la mayoría del resto de las acciones. Esta es la razón por la que su fortuna siguió intacta. 

Curiosamente, aunque Rockefeller perdió el caso, tras la división de su compañía sus acciones aumentaron de valor y su patrimonio aumentó con creces, tocando la cifra de 1.500 millones de dólares (equivalentes a más de 800.000 millones de dólares actuales).

La retirada comercial de Rockefeller

En 1911, Rockefeller renunció a la presidencia de su compañía y se dedicó a disfrutar de la vida y de su fortuna junto con sus seres queridos.

Dios me dio mi dinero. Siempre he considerado un deber religioso ganar todo el dinero que honradamente pudiera y usarlo por el bien de mi prójimo según los dictados de mi conciencia

Rockefeller

En 1913, creó la fundación Rockefeller con un donativo personal de unos 50.000 millones de dólares actuales.

A lo largo de su vida el empresario llegó a donar más de 500 millones de dólares (equivalentes a más de 250.000 millones de dólares en la actualidad), consolidándose como el mayor filántropo de la historia.

John Rockefeller murió el 23 de mayo de 1937 a la edad de 97 años en Florida. Hoy muchos lo recuerdan por su lado más despiadado, pero sus aportes al desarrollo de la humanidad fueron realmente significativos.

Tras la muerte de John Rockefeller comenzaron a surgir toda clase de teorías conspirativas en torno a su vida, su fortuna, su legado y su familia.

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